3 de Diciembre de 2009. Entrega de diplomas. Comercial 24.
jueves, 17 de diciembre de 2009
jueves, 19 de noviembre de 2009
Inflación. Concepto. Causas. Fernández, Tamara; Vega, Katherine; Druetta, Daiana.

Materia: Macroeconomía
Tema: Inflación. Concepto y causas
Alumno: Fernández, Tamara
Vega, Katherine
Druetta, Daiana
Profesor: Lence, Emilio
Año: 2009
División: 5º 2º T. Mañana
Concepto y definición de inflación
Generalmente se entiende por inflación el "incremento en el nivel general de precios", o sea que la mayoría de los precios de los bienes y servicios disponibles en la economía empiezan a crecer en forma simultánea. La inflación implica por ende una pérdida en el poder de compra del dinero, es decir, las personas cada vez podrían comprar menos con sus ingresos, ya que en períodos de inflación los precios de los bienes y servicios crecen a una tasa superior a la de los salarios.
El fenómeno inverso a la inflación es la deflación, y esta ocurre cuando una gran cantidad de precios decrecen en forma simultánea, o sea, una disminución del nivel general de precios. Por lo general se distingue entre un aumento "ocasional" del nivel general de precios y el aumento sostenido de los precios. La primera es llamada por algunos economistas como la definición débil de inflación, por no requerir que el aumento de los precios sea permanente, e incluso algunos no la consideran inflación en sí. El segundo concepto, denominado definición fuerte de inflación, si requiere que se dé un incremento de los precios a lo largo del tiempo. En este caso cuando se hable de inflación se hará uso de este último concepto de inflación.
Causas de la inflación
Cuando se habla acerca de los factores que generan una inflación surge una serie de distintas teorías al respecto, por ejemplo aquellas que consideran que la inflación es un fenómeno exclusivamente monetario, otras consideran lo contrario y entonces toman en cuenta otros determinantes para explicar este fenómeno. Durante algún tiempo han existido divergencias en cuanto a la validez de ciertas de estas teorías. Entre las principales causas se pueden nombrar:
1. Inflación por presión de la demanda:
Un aumento en la demanda agregada, por ejemplo un aumento del gasto público, genera una presión al alza sobre los precios, o sea provocando inflación. Así este crecimiento de la demanda por bienes y servicios, mayor que la disponibilidad de bienes y servicios, obliga al incremento de sus precios, siempre que estos estén en libertad de subir. También se ven afectados los precios de los insumos, los cuales también son presionados al alza. Este tipo de inflación se dice que puede ser más probable en una economía cercana al pleno empleo, ya que a ésta le es más difícil incrementar su producción.
2. Inflación por empuje de los costos:
La inflación es causada por aumentos agresivos en los costos de producción, por ejemplo, aumentos en los salarios, la devaluación de la moneda, los aumentos de los impuestos, incrementos en el precio de los insumos, el precio del petróleo, etc. Así en las economías con sindicatos fuertes, dado que el alza de los precios reduce el poder de compra de los salarios, entonces los trabajadores piden mayores aumentos en sus salarios, lo que redunda en mayores costos de producción y finalmente en mayores precios, lo que a su vez genera más inflación y nuevamente se demandan aumentos en los salarios, y así sucesivamente, creándose una "espiral inflacionaria de costos".
Como lo muestra la figura anterior, el aumento en los costos además del aumento en los precios ha implicado una reducción del nivel de producto, la cual podría ser contrarrestada por una política expansionista, o sea un aumento del gasto público, una disminución de los impuestos, o bien un incremento de la oferta monetaria.
Desgraciadamente estas últimas políticas contribuyen a aumentar aún más el nivel de precios. Los impactos de costos representan malas noticias para los responsables de las políticas gubernamentales. El único medio por el cual pueden combatir la pérdida de producción provocada por un impacto en costos es incrementando el nivel de precios más allá de lo que habría aumentado sin acción política alguna.
3. Inflación por raíces estructurales:
Los estructuralistas atribuyen la existencia de la inflación a factores no monetarios como lo son la organización económica y social del sistema. Específicamente en América Latina los estructuralistas han señalado como factores originarios de la inflación a los problemas de productividad del sector agrícola, el deterioro de los términos de intercambio, o sea la baja en los precios de las exportaciones y los aumentos en los precios de las importaciones, y la distribución del ingreso. Se arguye que el proceso de industrialización provoca un fenómeno migratorio hacia las zonas industriales, generando una mayor demanda por bienes primarios, donde "si la oferta por bienes es altamente inelástica al precio, el aumento de la demanda implica una presión ascendente sobre los precios de dichos bienes. Este hecho, aunado a la inflexibilidad descendente de los precios, genera un aumento en el nivel de precios".
4. Inflación por expectativas:
Las expectativas sobre la tasa de futura de inflación pueden generar inflación, en el sentido de que se pierde la credibilidad en las políticas anti-inflacionarias de las autoridades económicas, así los distintos agentes tratarán de anticiparse a la inflación aumentando los precios, en el caso de los productores, o pidiendo mayores aumentos salariales, en el caso de los trabajadores. Si las expectativas son adaptativas, es decir se basan en el comportamiento pasado de la variable en cuestión, entonces se puede decir que: "El hecho de que las expectativas puedan influir sobre el nivel de precios es preocupante. Las expectativas pueden conducir a una inercia que dificulte detener una espiral inflacionaria". Lo anterior cambiaría si las expectativas no son adaptativas sino racionales, en otras palabras, cuando las personas conocen las verdaderas causas de la inflación y poseen información para pronosticarla.
5. Inflación causada por el exceso de dinero en circulación:
La inflación ocurre cuando la cantidad de dinero se eleva apreciablemente en forma más veloz que como lo hace la producción, y entre más rápido sea el aumento en la cantidad de dinero por unidad producida, mayor será la tasa de inflación. Esto es lo que se ha llamado el enfoque monetarista de la inflación, el cual indica que los precios, en el largo plazo, crecen al ritmo de crecimiento del dinero en circulación. Es decir, el dinero es el único causante de la inflación sostenida.
El enfoque monetarista hace énfasis en el largo plazo, ya que en el corto plazo se acepta que las
variaciones de la cantidad de dinero si pueden tener algún efecto sobre la producción, pero no sostenidamente.
Así un aumento en la cantidad de dinero en circulación incentivará una mayor demanda por bienes y servicios, lo cual, de inicio provoca un aumento en la producción (efecto de corto plazo sobre la producción). Pero ese crecimiento de la cantidad de dinero en exceso de lo que las personas desean mantener, es lo que ocasiona el aumento en el nivel general de precios, y de ese modo, disminuyen los efectos temporales sobre el empleo y la producción, y dominan los efectos puramente inflacionarios sobre los precios. De ahí se deriva la famosa máxima de Friedman, y en general del monetarismo, de que "la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario".
Ahora bien, ¿Qué ocurre con las otras causas de la inflación presentadas, si es cierto que la inflación es un fenómeno exclusivamente monetario? En este sentido se dice que tanto la presión de la demanda como el empuje de los costos lo único que provocan es una redistribución del ingreso, y que sólo generan inflación sostenida en el caso que el Banco Central actúe, en cuya situación se tendría una expansión de los medios de pagos, y se caería en un fenómeno puramente monetario. Así cuando se argumenta que le déficit fiscal genera inflación, ya que presiona la demanda agregada hacia el alza, pero ese déficit debe ser financiado. Una posibilidad es incrementar los impuestos o también, recurrir al endeudamiento. Sin embargo, un aumento sostenido en el gasto no puede ser financiado por esos medios, ya que los impuestos no pueden ser incrementados indefinidamente y del mismo modo sucede con el crédito, así que llegará el momento en el cual tendrá que intervenir el Banco Central. Es decir, se podría dar inflación por demanda, pero sólo a corto plazo, no inflación sostenida.
De ese modo, si la cantidad de dinero en circulación permanece constante, no todos los precios podrían subir a la vez, ya que no habría suficiente dinero en la economía para comprarlo todo a los nuevos precios. Es así como si se mantuviera constante la oferta monetaria, entonces un aumento en los salarios provocaría desempleo, pero no inflación. La financiación del déficit fiscal vía endeudamiento limitará el crédito al sector privado. Los aumentos en el precio del petróleo disminuirán la capacidad de consumo, pero de igual modo, no provocará inflación.
CONCLUSION:
En conclusión, la inflación es el aumento sostenido de los precios y la deflación su opuesto, es decir, la disminución general de los precios de los bienes. Existen diversas causas que provocan este fenómeno, entre ellas: la presión de la demanda, ya que un aumento de ella producirá un aumento de precios en las economías cercanas al pleno empleo, dado que no pueden incrementar su producción a corto plazo; por empuje de costos, es decir, cuando se producen aumentos en los insumos de los bienes; por problemas estructurales referidos a las economías agrícolas, donde se ven afectadas por el deterioro de los términos de intercambio; por expectativas, dado por la poca credibilidad sobre las políticas anti-inflacionarias; o por un aumento en la tasa monetaria, donde el dinero circula mas rápido que la producción lo que provoca que cada bien aumente su precio.
La mejor manera de combatirla, es mediante políticas macroeconómicas que desarrolla el sector público, incidiendo en la demanda agregada, mediante empresas estatales de producción de bienes, o la baja de impuestos para abaratar costos. Invirtiendo en fábricas para lograr mejoras industriales y menor dependencia de productos manufacturados, logrando una diferencia favorable en la balanza comercial o controlando a través del Banco Central, la tasa monetaria.
BIBLIOGRAFÍA:
• INTERNET:
WWW.ELPRISMA.COM
WWW.WIKIPEDIA.COM
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Inflación. Medidas del B.C.R.A. Sciolla, Matías; Décima, Mario; Darling, Brian

El problema con la inflación dentro de la Republica Argentina había empeorado hasta tener conflictos laborales, perjudicando la estabilidad economía. A la crisis mundial se le sumo el conflicto entre el gobierno Argentino y el campo, a pesar de todo término siendo beneficioso porque los mismos golpearon sobre la demanda interna y externa, reduciendo los factores de desarrollo en los precios internos.
El control de la inflación es tarea de la autoridad monetaria, que había excedido la capacidad de acción del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Es que a los múltiples objetivos que debe hacer frente el BCRA ( alcanzar una mayor bancarización, manejo de riesgos, liquidez y tasas de interés bajas, entre otros), se le sumaba la complicación surgida de la fluctuación de la transmisión política monetaria que hacían difícil de prever los efectos de sus acciones sobre el nivel de precios.
En los últimos días del 2008, el Banco Central de la República Argentina (BCRA), dio a conocer su programa monetario para el 2009. La política monetaria de Argentina prevé un crecimiento del PBI del 4 % (considerando la influencia benéfica del plan de estímulo fiscal ideado por el gobierno) y una inflación minorista del 7%. En función de la proyección de estos niveles de inflación y crecimiento económico es que el BCRA determinó las nuevas metas de los agregados monetarios.
El BCRA lleva 22 trimestres consecutivos de cumplimiento consecutivo de las metas de agregados monetarios, lo cual demuestra el compromiso de la entidad.
En el 2008 cerraría, según las estimaciones, con una tasa de inflación oficial por debajo del 8%, aunque la inflación minorista estimada por las consultoras privadas se ubica levemente por debajo del 20%.
Más allá del notorio diferencial existente entre la inflación oficial y la estimada por los analistas privados, todo hace que para el 2009 dichas estimaciones tenderán a centrarse, aunque difícilmente la tasa de inflación minorista pueda lograr terminar el año por debajo de los dos dígitos.
Lo primero que se puede decir acerca de las metas sobre los agregados monetarios es que son bastante amplias, aunque ello se justifica en el hecho de la alta volatilidad esperada del mercado monetario para el 2009.
Las metas de los agregados monetarios no dicen, dada su amplitud, demasiado acerca del compromiso del BCRA en mantener la estabilidad de precios pero la decisión de ampliar trimestralmente las proyecciones a 12 meses pone una cuota de duda.
Lo más probable es que durante el 2009 lo que ocurra con la cuestión inflacionaria dependerá en gran medida del contexto económico. El BCRA no podrá hacer demasiado al respecto, dada la poca incidencia que tiene sobre la misma en vista de la debilidad y volatilidad de los canales de transmisión de la política monetaria y de los múltiples objetivos que tiene que atender que son tan importantes como la estabilidad de precios.
Pero en una visión de mediano plazo la autoridad monetaria argentina está avanzando hacia un mayor control de la dinámica de precios, mediante la construcción de las condiciones necesarias para alcanzar una mayor efectividad en las acciones de política monetaria. Ello se observa en la continuidad esperada de la recomposición de los canales de transmisión de la política monetaria. La recomposición de la intermediación financiera si bien en 2008 encontró un freno por la incertidumbre generada en la crisis internacional y los acontecimientos locales, promete continuar en 2009.
Para que el BCRA pueda tener gradualmente una mayor incidencia sobre la dinámica inflacionaria, deberá ir desatendiendo algunos de los objetivos. La economía argentina deberá reducir su debilidad ante la variación del tipo de cambio de modo tal que la estabilidad cambiaria no sea una condición necesaria para la estabilidad económica. Para Argentina el objetivo debería ser menos rígido y aceptar una cierta intervención en el mercado cambiario pero sólo a los efectos de evitar una variación extrema del tipo de cambio.
Ciertamente el BCRA ha alcanzado grandes logros en estos últimos años. El más destacado se reflejaen la solidez y recuperación observada en el sistema bancario. Ahora el control de la dinámica inflacionaria debe aparecer como el objetivo a lograr para fortalecer la estabilidad económica del país.
Pero para que el BCRA pueda tomar las riendas del control de la dinámica inflacionaria, dependerá de la colaboración de la política económica del gobierno. Se deberá trabajar en la eliminación de las distorsiones de precios relativos derivadas del control del gobierno sobre varios sectores de la economía. La política económica deberá esforzarse por evitar generar incertidumbre y asegurar un escenario de previsibilidad, lo cual contribuirá a estabilizar los canales de transmisión de la política monetaria. También deberá quitarle al BCRA la presión de tener que hacer frente a múltiples objetivos que terminan por entrar en conflicto con el objetivo primario de la autoridad monetaria.
La economía argentina enfrentará un 2009 con una fuerte desaceleración del crecimiento económico (estimaciones privadas esperan que el mismo no supere el 2%). Para que la economía argentina pueda alcanzar una senda de crecimiento de largo plazo, la estabilidad de precios aparece como una condición necesaria. Las circunstancias le permiten a la economía argentina alcanzar una menor tasa de inflación
Conclusión:La inflación fue la causa de los problemas a nivel mercado y a nivel nacional, para Argentina su punto critico fue el año 2008 y principios de 2009 cuando el campo pidió que se reduja las rentenciones, eso genero un gran problema con el gobierno nacional pero un beneficio en el aspecto inflacionario ya que golpearon fuertemente sobre la demanda interna y externa lo que la Argentina comenzó a hacer y debe seguir haciendo para reducir la inflación es generar mas producción y empleo y no tener en cuenta el desempleo y el gasto consumo
De acuerdo a la historia siempre habrá inflación en el país, pero depende las argumentaciones del mercado y de la posición del gobierno para que esta se estabilice.
Bibliografía:www.igooh.com
Inflaciòn. Causas. Daniele, Juliana;Aguirre, Belén.
ACTUALIDAD ECONÓMICA
Llevamos 50 años de inflación y aún no aprendimos la lección
Por Ramón Frediani (*)
Hasta 1945 Argentina no tuvo inflación. Entre 1810 y 1945, los precios crecieron un promedio del 2% anual porque por lo general se mantenía disciplina fiscal (ausencia de grandes déficits fiscales) y monetaria (sin grandes emisiones de dinero). Incluso en dos décadas anteriores a 1900, y en los primeros 15 años del siglo XX hubo tasas negativas de inflación anual (deflación) que también se repitieron entre 1998 y 2001.
El fenómeno inflacionario argentino comienza en 1946 con la nacionalización de los depósitos bancarios, la estatización del Banco Central y las consecuentes grandes emisiones de dinero requeridas para
financiar los inmensos déficits fiscales que ocasionó el Primer Plan Quinquenal (1947-1951). Desde entonces, se extendería ininterrumpidamente durante 48 años hasta 1992, con un promedio del 96%
anual, único caso mundial de casi medio siglo de inflación, pues en ningún país del mundo la inflación tuvo una presencia continua de más de 10 años, y mucho menos con tan alto promedio anual de suba en los precios.
Entre 1946 y 1972, el promedio fue del 29% anual, pero desde 1973 y hasta 1988 el promedio anual fue del 150%. Su influencia fue tan profunda en la sociedad que trascendió los límites de la economía dando origen a una necesaria cultura perversa de supervivencia tanto en el mundo empresario, como en la conducta del consumidor y en el comportamiento de los sindicatos.
Especulación, desabastecimiento, mercados negros, desaliento al ahorro, tasas de interés negativas, desvalorización de los depósitos bancarios, licuación de los salarios, jubilaciones y pensiones, deterioro
de las relaciones obrero-patronales, polarización de la riqueza, incentivo a la evasión tributaria, fuga de capitales al exterior, aumento de la pobreza, cortoplacismo en las políticas económicas, inestabilidad política, indexaciones, bicicletas financieras, devaluaciones, lucha salvaje por la distribución del ingreso, fueron algunas de las consecuencias inevitables que nos trajo medio siglo de inflación.
Desde 1992 y hasta el 2001 desaparece la inflación, pero no porque se atacara frontalmente sus raíces sino porque se dejó de financiar los déficits fiscales con emisión monetaria del Banco Central y en cambio se pasó a financiarlos con deuda pública externa, remedio que a la larga resultó también ser tan grave como la enfermedad y que quedó demostrado en el colapso de diciembre de 2001.
(*) Instituto de Economía, Universidad de Córdoba
Durante los 7 años del gobierno militar (1976-1983) el promedio anual de inflación fue del 178%. En los dos primeros años de democracia (1984 y 1985) la inflación fue del 688% y el 385% respectivamente. El pico de mayor inflación se dio entre mayo y julio de1989 (hiperinflación): sólo en julio de ese año los precios se triplicaron subiendo el 191%. Luego en enero-marzo de 1990 hubo una segunda hiperinflación con un promedio mensual del 78% y multiplicación por 10 del tipo de cambio.
Ya sea durante la vigencia de dictaduras (Onganía, Levingston, Lanusse, Videla, Viola, Brignone) o de democracia, como fue durante los gobiernos radicales (Illia, Alfonsín), peronistas (Perón, Estela Martínez, Menem, Kirchner) o desarrollistas (Frondizi, Guido), la inflación siempre estuvo presente en todos ellos, debido que sus causas profundas nunca fueron enfrentadas con decisión desde el inicio.
(*) Instituto de Economía - La excepción fue la gestión de De la Rúa entre 1999 y 2001, durante la cual hubo disminución de precios debido a la profunda recesión que vivía el país, pero la deflación es aún más nociva que la inflación pues origina desempleo, déficit fiscal, el quiebre de empresas y el desaliento de la producción, consecuencias que efectivamente ocurrieron en esos años. Numerosas medidas fueron adoptadas para combatirla pero no tuvieron éxito: controles de precios, precios máximos a productos básicos de la canasta familiar, congelamiento de salarios, del tipo de cambio, de los alquileres y de los combustibles; pactos o acuerdos sociales corporativos entre el estado, sindicatos y cámaras empresarias; facilidades a la importación para los productos cuyos precios crecen; veda en el consumo de carne cuando su precio subía mucho, y finalmente la candidez de quitar ceros a la moneda nacional, para recrear la ilusión de que la moneda local recuperaba su fortaleza y su poder adquisitivo. Esto se hizo 4 veces desde 1969 a 1991 ya que a nuestro ex -peso moneda nacional que rigió desde 1881 a 1968 se le quitaron 12 ceros al convertirse sucesivamente en el peso ley 18188 en 1969, luego en el peso argentino en 1983, de éste al austral entre 1985 y 1991 y finalmente desde enero de 1992 al presente a la moneda actual denominada nuevo peso argentino.
La principal lección que nos brinda recordar esta breve historia de la inflación argentina es observar que en la mayoría de los intentos para frenarla, estuvo ausente la más importante de las medidas recomendadas por los economistas de todos los tiempos: reducir la cantidad de dinero en circulación. De nada valen todas las medidas antes mencionadas para eliminarla si el Banco Central sigue emitiendo moneda, ya sea para financiar déficit fiscales (como fue lo que hizo desde 1946 a 1991) o para comprar dólares (que es lo que está haciendo desde el 2003 al 2007). La segunda causa relevante de la inflación argentina es el populismo, la
demagogia y el clientelismo, que originan déficits que terminan requiriendo más dinero emitido por el Banco Central.
En los dos últimos años y desde el más alto nivel del gobierno nacional, la política económica ha consistido en que el Ministerio de Economía - vía otorgamiento de subsidios - y el Banco Central – vía emisión de dinero - alientan la gran demanda que se observa en todos los mercados para no frenar el crecimiento del 8% anual de la economía. Estas medidas favorables al crecimiento son válidas y legítimas cuando no hay inflación, o cuando ésta es menor del 4% anual, pero en el contexto actual en que la inflación ya está instalada en alrededor del 20% anual, esa Política Económica no es la más adecuada porque es como querer apagar un incendio con baldes de nafta. Está bien crecer, pero no a cualquier precio, pues el remedio puede ser peor que la enfermedad.
El gobierno nacional subestima la inflación pues afirma que sólo existe un reacomodamiento de precio., sin saber que la peor estrategia para combatirla es ignorarla. Si no se frena a tiempo, crece indefinidamente al retroalimentarse en su inercia. Contextos de hiperinflaciones galopantes derrocaron varios presidentes latinoamericanos: a Hernán Siles Suazo en Bolivia en 1985 (23.000% anual); a Alan García en Perú en 1990 (7.600% anual); a Salvador Allende en Chile en 1973 (800% anual); a Daniel
Ortega en Nicaragua en 1990 (30.000% anual), a Itamar Franco en Brasil en 1993-94 (4.000% anual). En nuestro país, la alta inflación del segundo semestre de 1975 aceleró la caída de María E. de Perón que no pudo completar su período constitucional de gobierno. Pocos recuerdan que en marzo de 1976 el índice de precios minoristas del INDEC era del 37%, equivalente a un 4.270% anual. También la inflación de 1989 (4.900% anual) obligó a Raúl Alfonsín a renunciar 6 meses antes de finalizar su mandato presidencial.
No es un mal inevitable, pero si no se la detiene a tiempo, la inflación es similar al fuego en un bosque: se pasa de una chispa a una brasa, de una brasa a una fogata y de una fogata a un incendio incontrolable.
Argentina carga en sus espaldas medio siglo de amarga experiencia en inflación y da la sensación de que pasan los años y la lección no se aprende.
Opinión personal: Me parece que lo más importante en este momento es que el gobierno tome las medidas necesarias para detener la inflación, en vez de acomodar los números del INDEC a su conveniencia. Que consulten con economistas experimentados y que se pongan de acuerdo con los partidos de la oposición ya que la inflación nos afecta a todos por igual.
Bibliografía: Internet
Historia de la inflación argentina
Llevamos 50 años de inflación y aún no aprendimos la lección
Por Ramón Frediani (*)
Hasta 1945 Argentina no tuvo inflación. Entre 1810 y 1945, los precios crecieron un promedio del 2% anual porque por lo general se mantenía disciplina fiscal (ausencia de grandes déficits fiscales) y monetaria (sin grandes emisiones de dinero). Incluso en dos décadas anteriores a 1900, y en los primeros 15 años del siglo XX hubo tasas negativas de inflación anual (deflación) que también se repitieron entre 1998 y 2001.
El fenómeno inflacionario argentino comienza en 1946 con la nacionalización de los depósitos bancarios, la estatización del Banco Central y las consecuentes grandes emisiones de dinero requeridas para
financiar los inmensos déficits fiscales que ocasionó el Primer Plan Quinquenal (1947-1951). Desde entonces, se extendería ininterrumpidamente durante 48 años hasta 1992, con un promedio del 96%
anual, único caso mundial de casi medio siglo de inflación, pues en ningún país del mundo la inflación tuvo una presencia continua de más de 10 años, y mucho menos con tan alto promedio anual de suba en los precios.
Entre 1946 y 1972, el promedio fue del 29% anual, pero desde 1973 y hasta 1988 el promedio anual fue del 150%. Su influencia fue tan profunda en la sociedad que trascendió los límites de la economía dando origen a una necesaria cultura perversa de supervivencia tanto en el mundo empresario, como en la conducta del consumidor y en el comportamiento de los sindicatos.
Especulación, desabastecimiento, mercados negros, desaliento al ahorro, tasas de interés negativas, desvalorización de los depósitos bancarios, licuación de los salarios, jubilaciones y pensiones, deterioro
de las relaciones obrero-patronales, polarización de la riqueza, incentivo a la evasión tributaria, fuga de capitales al exterior, aumento de la pobreza, cortoplacismo en las políticas económicas, inestabilidad política, indexaciones, bicicletas financieras, devaluaciones, lucha salvaje por la distribución del ingreso, fueron algunas de las consecuencias inevitables que nos trajo medio siglo de inflación.
Desde 1992 y hasta el 2001 desaparece la inflación, pero no porque se atacara frontalmente sus raíces sino porque se dejó de financiar los déficits fiscales con emisión monetaria del Banco Central y en cambio se pasó a financiarlos con deuda pública externa, remedio que a la larga resultó también ser tan grave como la enfermedad y que quedó demostrado en el colapso de diciembre de 2001.
(*) Instituto de Economía, Universidad de Córdoba
Durante los 7 años del gobierno militar (1976-1983) el promedio anual de inflación fue del 178%. En los dos primeros años de democracia (1984 y 1985) la inflación fue del 688% y el 385% respectivamente. El pico de mayor inflación se dio entre mayo y julio de1989 (hiperinflación): sólo en julio de ese año los precios se triplicaron subiendo el 191%. Luego en enero-marzo de 1990 hubo una segunda hiperinflación con un promedio mensual del 78% y multiplicación por 10 del tipo de cambio.
Ya sea durante la vigencia de dictaduras (Onganía, Levingston, Lanusse, Videla, Viola, Brignone) o de democracia, como fue durante los gobiernos radicales (Illia, Alfonsín), peronistas (Perón, Estela Martínez, Menem, Kirchner) o desarrollistas (Frondizi, Guido), la inflación siempre estuvo presente en todos ellos, debido que sus causas profundas nunca fueron enfrentadas con decisión desde el inicio.
(*) Instituto de Economía - La excepción fue la gestión de De la Rúa entre 1999 y 2001, durante la cual hubo disminución de precios debido a la profunda recesión que vivía el país, pero la deflación es aún más nociva que la inflación pues origina desempleo, déficit fiscal, el quiebre de empresas y el desaliento de la producción, consecuencias que efectivamente ocurrieron en esos años. Numerosas medidas fueron adoptadas para combatirla pero no tuvieron éxito: controles de precios, precios máximos a productos básicos de la canasta familiar, congelamiento de salarios, del tipo de cambio, de los alquileres y de los combustibles; pactos o acuerdos sociales corporativos entre el estado, sindicatos y cámaras empresarias; facilidades a la importación para los productos cuyos precios crecen; veda en el consumo de carne cuando su precio subía mucho, y finalmente la candidez de quitar ceros a la moneda nacional, para recrear la ilusión de que la moneda local recuperaba su fortaleza y su poder adquisitivo. Esto se hizo 4 veces desde 1969 a 1991 ya que a nuestro ex -peso moneda nacional que rigió desde 1881 a 1968 se le quitaron 12 ceros al convertirse sucesivamente en el peso ley 18188 en 1969, luego en el peso argentino en 1983, de éste al austral entre 1985 y 1991 y finalmente desde enero de 1992 al presente a la moneda actual denominada nuevo peso argentino.
La principal lección que nos brinda recordar esta breve historia de la inflación argentina es observar que en la mayoría de los intentos para frenarla, estuvo ausente la más importante de las medidas recomendadas por los economistas de todos los tiempos: reducir la cantidad de dinero en circulación. De nada valen todas las medidas antes mencionadas para eliminarla si el Banco Central sigue emitiendo moneda, ya sea para financiar déficit fiscales (como fue lo que hizo desde 1946 a 1991) o para comprar dólares (que es lo que está haciendo desde el 2003 al 2007). La segunda causa relevante de la inflación argentina es el populismo, la
demagogia y el clientelismo, que originan déficits que terminan requiriendo más dinero emitido por el Banco Central.
En los dos últimos años y desde el más alto nivel del gobierno nacional, la política económica ha consistido en que el Ministerio de Economía - vía otorgamiento de subsidios - y el Banco Central – vía emisión de dinero - alientan la gran demanda que se observa en todos los mercados para no frenar el crecimiento del 8% anual de la economía. Estas medidas favorables al crecimiento son válidas y legítimas cuando no hay inflación, o cuando ésta es menor del 4% anual, pero en el contexto actual en que la inflación ya está instalada en alrededor del 20% anual, esa Política Económica no es la más adecuada porque es como querer apagar un incendio con baldes de nafta. Está bien crecer, pero no a cualquier precio, pues el remedio puede ser peor que la enfermedad.
El gobierno nacional subestima la inflación pues afirma que sólo existe un reacomodamiento de precio., sin saber que la peor estrategia para combatirla es ignorarla. Si no se frena a tiempo, crece indefinidamente al retroalimentarse en su inercia. Contextos de hiperinflaciones galopantes derrocaron varios presidentes latinoamericanos: a Hernán Siles Suazo en Bolivia en 1985 (23.000% anual); a Alan García en Perú en 1990 (7.600% anual); a Salvador Allende en Chile en 1973 (800% anual); a Daniel
Ortega en Nicaragua en 1990 (30.000% anual), a Itamar Franco en Brasil en 1993-94 (4.000% anual). En nuestro país, la alta inflación del segundo semestre de 1975 aceleró la caída de María E. de Perón que no pudo completar su período constitucional de gobierno. Pocos recuerdan que en marzo de 1976 el índice de precios minoristas del INDEC era del 37%, equivalente a un 4.270% anual. También la inflación de 1989 (4.900% anual) obligó a Raúl Alfonsín a renunciar 6 meses antes de finalizar su mandato presidencial.
No es un mal inevitable, pero si no se la detiene a tiempo, la inflación es similar al fuego en un bosque: se pasa de una chispa a una brasa, de una brasa a una fogata y de una fogata a un incendio incontrolable.
Argentina carga en sus espaldas medio siglo de amarga experiencia en inflación y da la sensación de que pasan los años y la lección no se aprende.
Opinión personal: Me parece que lo más importante en este momento es que el gobierno tome las medidas necesarias para detener la inflación, en vez de acomodar los números del INDEC a su conveniencia. Que consulten con economistas experimentados y que se pongan de acuerdo con los partidos de la oposición ya que la inflación nos afecta a todos por igual.
Bibliografía: Internet
lunes, 3 de noviembre de 2008
La contaminación en el mundo.
Para cerrar la unidad de Desarrollo y Contaminación ambiental los alumnos de 5º 2ª T.M. realizaron tareas de investigación y selección de material de acuerdo a temáticas relacionadas con la contaminación del aire, el agua, el suelo y las consecuencias en la salud humana. Este es el resultado de sus trabajos.
Consecuencias de la contaminación en la salud humana.
Consecuencias de La Contaminacion Bertalot Saavedra y Pacci
Contaminacion Del Aire - Goldman, Gomez, Lombardi.
Contaminacion del agua. Castellano-Curcio-Montiel
Contaminación del suelo. Bravo, Landro, Varela
Consecuencias de la contaminación en la salud humana.
Consecuencias de La Contaminacion Bertalot Saavedra y Pacci
Contaminacion Del Aire - Goldman, Gomez, Lombardi.
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lunes, 29 de septiembre de 2008
Desarrollo y subdesarrollo.
Vivimos en una sociedad difícil, conflictiva, en algunos momentos caótica. Los esfuerzos que cada uno realiza para su mejoramiento personal, no alcanzan por sí solos, para conseguir un cambio en el nivel general de la población. Hay algo superior, que modifica nuestros proyectos y posibilidades,que es la situación de nuestro país y sus relaciones internas y externas. Las situaciones internas, políticas y económicas, determinan un contexto favorable o desfavorable para sus ciudadanos. Las relaciones de nuestro país con el resto del mundo son condicionantes de sus posibilidades de crecimiento y desarrollo. El desarrollo debe ser un proceso que todas las naciones del mundo tengan derecho a transitar. El esquema de relaciones de dependencia de las naciones pobres con respecto a las ricas o desarrolladas se profundiza en el sistema de globalización mundial. De acuerdo al presente formato de dominio mundial, para que existan paises desarrollados deben existir por contrapartida paises subdesarrollados, pobres y dependientes. El subdesarrollo no es una etapa que los paises superan en mayor o menor tiempo de acuerdo a sus posibilidades, sino que se transforma en una situación permanente ante las escasas posibilidades que el contexto mundial les brinda.
Profesor Emilio Lence.
Profesor Emilio Lence.
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